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¿Cómo es viajar con Alan por el Mundo?

Esta mañana volví de Chile, después de más de 10 horas acumuladas de vuelo. No sé qué hago despierto, pero tenía que escribir esto.

Por: Manu Espinosa

Esta mañana volví de Chile, después de más de 10 horas acumuladas de vuelo. No sé qué hago despierto, pero tenía que escribir esto.

Es apenas la segunda vez que Alan me invita a un viaje. Como bien sabrán, el 90% de sus aventuras las realiza solo, y pocos hemos sido los afortunados en acompañarlo; por ejemplo, Regina Blandón y su carisma desbordante en el reino congelado de China y en los parques de diversiones de Estados Unidos; Edwing y su gran talento para volar drones (y para que se los secuestren los guardabosques jajaja) en Argentina, y yo, como su fotógrafo -y elfo doméstico- al Reino Hashemita de Jordania, el año pasado, y este año, a la hermana República de Chile.

Antes de viajar con él, era de los muchos que pensaban que lo hacía con todo un equipo de producción. Sin embargo, durante nuestra primera odisea juntos entendí el arduo trabajo individual que existe detrás de cada video.

Graba casi todo el tiempo, cuando sube al avión, cuando despega, cuando aterriza, en el aeropuerto, los traslados, los hoteles y hostales, la prueba del colchón -que la tiene momentáneamente suspendida porque se lastimó la costilla- (tiene grabada la caída, qué bendición jajaja) los paseos, las comidas, todo, graba todo. Hasta cuando duerme, graba, las noches estrelladas y los tempranos amaneceres.

En sus “tiempos libres”, que son muy pocos, edita sus videos semanales. No para nunca, en verdad no para, porque su trabajo en realidad, no lo es. Su “trabajo” es una pasión irrefrenable por viajar y por compartir. Solo en casos extremos y calamidades inesperadas (casi siempre es culpa del wifi) se interrumpe,

“Lo siento viajeros, hoy no habrá video”.

Su kit diario de esenciales es la mochila viajera, con su pequeña cámara, varios lentes,  su micrófono peludo que ya le ha jugado malas tretas -en una reserva de babuinos, se le zafó el micrófono y al rozar su brazo, pensó que era un simio salvaje atacándolo, y se puso histérico – (eso sí no lo grabó, por desgracia jajaja), su trípode y una GoPro para grabar las actividades más extremas.

”Me da miedo todo, pero lo hago todo”. Me confesó nervioso antes de lanzarse por una tirolesa de unos 500 metros de largo sobre el bosque de Huilo Huilo.

Cuando lo ves documentando, te das cuenta de que Alan es un director de cine frustrado -aunque ni tanto, porque al dirigir él mismo sus videos, se está auto realizando. Hace varias tomas, utiliza diferentes ángulos, lo repite una, dos ,tres veces hasta que quede bien. Es un perfeccionista inalcanzable.

“Muévete, muévete… siempre te metes en mis tomas, Manu jajajaja”.

Viajar con Alan es levantarte muy temprano por la mañana y acostarte muy tarde por la noche. Es recorrer cada lugar exhaustivamente, y detenerse constantemente a contemplar, a respirar y a sentir el lugar. Nunca hay prisa, el ritmo lo lleva la calidad de la experiencia:

“Más vale conocer menos para disfrutar más”.

Viajar con Alan es comer de todo, lo conocido y lo desconocido; probar siempre los platillos típicos aunque sepas de antemano que no te van a gustar. Lo mismo pasa con las bebidas, y aunque Alan no sea un fanático del alcohol, siempre tomarse una cerveza o un vino local, o algún otro licor tradicional, es parte del protocolo. Su debilidad, por cierto, es la fruta por la mañana, y los postres a horas y deshoras,

“En un capítulo más de Gordos por el Mundo…”.

Viajar con Alan es reírse todo el tiempo, porque así como lo ven en los videos, así es auténticamente en la vida real. También canta siempre, protagonizando musicales improvisados en todas partes. Sí, viajar con Alan es como vivir en La La Land internacional, pero mil veces menos aburrido, o dentro de una película de Disney con una excelente banda sonora.

“Ven te quiero mostrar, cosas maravillosas…”.

Viajar con Alan es curiosear y preguntar, aprender algo nuevo todos los días, investigar: leerse un libro sobre el destino, ver un documental en Netflix al respecto, y consultar Instagram para descubrir los lugares más interesantes y fotogénicos.  Intentar nuevas fotos y nuevas tomas, innovar, mostrar lugares inéditos y como nadie lo ha hecho antes.

“Normalmente está prohibido, ‘pereeeeeeeero’ nos dieron permiso de entrar a grabar”.

Finalmente, viajar con Alan es contagiarse de su amor por viajar, darte cuenta, constantemente, que la vida es corta y que el mundo es inmenso. La única forma de conocerlo, es viajando.

Ha sido una fortuna compartir dos viajes contigo y ser colaborador de este proyecto, espero con ansias el tercero. Gracias amigo viajero.

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