Colaboraciones

Bajo la mirada de Kiev

Por: Mónica Montoya

“El verdadero viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevos territorios sino en tener nuevos ojos”
                                                                                                                                                                                                    Marcel Proust

Imagina que vas en un avión, tu asiento es junto a la ventana, el cielo está despejado y desde que despegan disfrutas de ver la ciudad hacerse pequeña, el mar, las nubes y el cielo azul. De repente la persona que está sentada a tu lado te toca el hombro y te pide que le describas lo que ves, al voltear te das cuenta que es una persona ciega, entonces ¿qué harías? ¿Le describes lo que ves? ¿Qué emoción llega a ti cuando te das cuenta que no puede ver lo que tú? ¿Cómo le describes el cielo, un cielo que nunca ha visto, un azul a alguien que no conoce de colores porque el primer sentido que tenemos ante estos es la vista? ¿Qué le dirías?

Para mí el viajar es ser la persona ciega, es pedir a otros me presten sus ojos, su forma de ver la vida, es intentar conocer un poco de otra cultura, de otros sabores, de otros colores.

Mi visión cultural se va ampliando con cada lugar nuevo que conozco y al mismo tiempo siento cada vez sé menos pues hay mucho por aprender, por ejemplo, sería difícil hablar todos los idiomas que existen (no imposible, pero sí difícil).

Monasterio de las cuevas. Fotografía: Cicci Månsson.

Viajar, al igual que mi profesión como profesora, me ha enseñado de “humildad e ignorancia”, usualmente ser humilde o ignorante tiene una connotación negativa o peyorativa, pero solo desde esta condición es posible aprender.

Veámoslo como la anécdota de la taza, una taza solo puede recibir nuevo líquido si está vacía, no puedes vertir más de su capacidad porque se derramaría. Aprender es desaprender, es vaciar tu taza, es observar el mundo con nuevos ojos, ante algo nuevo, mi primer paso es declararme ignorante y recibir lo que el mundo tiene para mí.

Kiev como destino me hizo entrar en crisis pues mi mundo lo describo desde una silla ruedas, quienes han leído mis otras colaboraciones saben que algunas veces es casi imperciptible para mí el viajar así, esta ciudad es una de las más antiguas en el este de Europa, me encontré con varias cuestas arriba, los escalones no eran una opción de sobrellevar bajando de mi silla pues por el hielo y el frío era como andar descalzo.

Al inicio me llevé una fuerte impresión, a pesar de enfrentar retos como estos todo mi vida, descubrí que Kiev en silla de ruedas es una opción para viajar acompañada.

Gracias a que otros me prestaron sus ojos, sus manos y sus pies, pude disfrutar de la ciudad Heroica.

Esta capital ucraniana puso ante mi la humildad, pedir apoyo es reconocer mis limitaciones y permitir que otras personas me den un poco de sí, y no me refiero solo al plano físico que la discapacidad me presenta, viajar es vivir humildemente, es un constante preguntar si hablan inglés, estás expuesto a que nadie te entienda, a que la comida no te guste, a que no puedas subir una cuesta, es salir de tu zona de confort y eso a veces duele, pero ahí en esa incomodidad es donde se encuentra el mayor aprendizaje, además siempre hay algo positivo después del esfuerzo. Todo lo que sube, tiene que bajar.

Presento este escrito, no con la intención de que veas como yo, sino para que tomes lo que te funcione, una persona ciega sabe que no podrá ver y no por eso deja de preguntar, si quieres saber cómo le hago para superar mis dificultades, la respuesta es muy sencilla: busco inspiración en las personas, no para ser como ellas, sino para adaptar su pasión por la vida a mi condición.

Plaza de la Independencia Fotografía: Álvaro Medrano.

Es por eso que te invito a viajar en busca de inspiración, a vaciar tu taza, a ver a las personas y al mundo con nuevos ojos.

Esta colaboración la dedicó especialmente a Matt, Bruno, Danielle, Cicci, Álvaro, Josephine, Alexandre, Mosca, Vanessa y a todas aquellas personas que han caminado conmigo estos meses.

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Mónica Montoya

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