Por: Mónica Montoya

¿Te has preguntado porque al viajar tienes las emociones a flor de piel? Tanto que cuando regresas a casa y pasan algunas semanas, la sensación sigue ahí aunque con menor intensidad, y mirando fotografías no puedes esperar tu siguiente experiencia.

Los viajeros dicen que la vida cambia después de salir a conocer el mundo, yo puedo decir que hay un antes y un después de mi primer viaje. La perspectiva cambia, los hábitos, la motivación, la forma de observar lo que nos rodea.

Pueden haber momentos difíciles, en lo personal me da mucho miedo la turbulencia, pero sé que la vista es única allá arriba.

Cuando estamos en un lugar diferente a casa los sentidos están alertas, porque es un lugar desconocido para nuestra mente, esto abre la posibilidad de ampliar nuestra forma de pensar. Disfrutando un día de la cima del mundo y al otro de las virtudes del desapego.

Tengo muy presente la vez que en Tailandia unos amigos me retaron a probar una araña, lo hice muy a pesar del pavor que me dan, aún hoy no lo puedo creer, pero pensé que si me iba de ese lugar sin haberlo hecho me hubiese arrepentido, hay magia en descubrir nuevos sabores y costumbres.

Viajar es emocionante porque nos mantiene abiertos de mente, creativos, tolerantes e incluso puedo atreverme a decir, personas más felices, aprendes a encontrar lo positivo en cada persona para poder hacer amigos que son totalmente diferentes a ti y a la vez tan iguales.

Viajar te sacude el miedo, las preocupaciones, los prejuicios e inseguridades.

Te muestra un nuevo mundo con olor, sabor, color y sonidos que despertarán tus  emociones y te harán recordar que estás vivo.

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