Corría el año 2006 y yo tomaba un avión a la Habana en un “break” de 10 días que tuve a media temporada de HNMPL. Me hacía mucha ilusión conocer Cuba pues las historias que llegaban a mi por otros viajeros eran emocionantes y a veces tan poco creíbles que tenía que ir a corroborarlas personalmente. También tenía la creencia (y aun la tengo) que Cuba hay que conocerla antes de que Fidel Castro muera, pues uno no sabe que pueda llegar a pasar cuando esto suceda.

Para no hacerles el cuento largo, quisiera contarles cobre una anécdota que viví mi último día de estancia en la Habana. Visitaba la famosa universidad y mientras hacía mi decente video dos tipos se me acercaron. Hacía mucho calor y estos dos personajes escurrían sudor y carisma, su plática fue muy amable y me convencieron de ser estudiantes y darme un “tour” por la verdadera cara de La Habana. He de confesar que algo no me  cuadraba desde el principio y es que los individuos además de no verse tan jóvenes para ser universitarios , tenían una actitud un tanto sospechosa, sobre todo uno de ellos, el más callado.

Aún sabiendo que era un trampa de turista, accedí a ir con ellos. Total, era una aventura que quería vivir y sabía que al final tendría una anécdota que contar. Caminamos por calles de la Habana vieja que pocos turistas visitan,  visitamos negocios locales y llegamos a un bar (supuestamente frecuentado por Ernest Hemingway, que no me lo creo ni tantito) pedimos varios mojitos y llegó a la mesa un pedazo de jamón frito que yo nunca ordené. Hay que destacar que el movimiento de dicho bar se vio alterado con mi presencia, no creo que reciban muchos turistas allí; además, el hostigamiento al turista es castigado por las autoridades.

 Cuando menos lo pensé iban tres rondas de mojitos y mi estado ya era no del todo controlable, eso sí, mis “amigos” tenían una actitud como de haber tomado agua. Mientras tomábamos uno de ellos me dijo que lo grabara, que me contaría la verdad sobre Cuba pero que por favor nunca publicara el video ya que si las autoridades lo veían podía ir a la cárcel por contrarrevolucionario. Me contó de la difícil situación de los cubanos, de su supervivencia diaria y sus sueños frustrados, pero lo que más me llamó la atención fue cuando mencionó los viajes, me dijo textual. “Yo vivo un turismo imaginario, conozco Holanda, conozco Alemania, conozco México por lo que ustedes los turistas me cuentan, pero no porque yo haya ido. No puedo salir de mi país, para hacerlo necesito una carta invitación de un extranjero”. Me quedé helado. No conozco lo suficiente de socialismo y comunismo como para atreverme a criticar el régimen castrista pero sentí tristeza y al mismo tiempo recordé lo afortunado que era.

 Ya después todo cambió, la cuenta por las bebidas era ESTRATOSFÉRICA!!! Y obvio el que tenía que pagar todo era yo, además de los puros que me convencieron comprar. Con todo el coraje de mi alma y el petite escándalo que armé en el lugar por sentirme engañado por estos dos, decidí cortar la situación por la buena, pagar e irme (necesitaba que se me bajara un poco el alcohol jajaja). Al principio hice mucho coraje, preferiría que me pidan dinero a que me vean la cara de esa forma, pero como todo en la vida siempre hay el lado claro y oscuro de las cosas y uno decide con cual quedarse. Era momento de decidir. Pasó mi coraje y aunque sé que me vieron la cara y enflacaron mi cartera, aprendí mucho ese día. Así que lo tomé como un pago por la lección.

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