¿POR QUÉ PETRA?

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Mauricio de la Garza

Instagram: maldemar

No importa cuánto hayas escuchado o leído acerca de Petra, visitarla es mucho más impresionante que eso.

Escondida entre dunas de arena petrificadas entre el Mar Muerto y el Golfo de Aqaba, esta ciudad de piedra de épocas bíblicas construida por los Nabateos, fue el centro estratégico de la ruta de comercio entre los Egipcios, Griegos y Romanos por más de 700 años (del s. 7 A.C al s. 2 D.C.)

Pero más allá de su historia y su legado ¿qué hace a Petra ese destino mágico saboreado por tantos viajeros?

Creo que tengo una respuesta. Lo que a mí me gusta llamar “la experiencia tridimensional.”

Dimensión No. 1: Su ubicación geográfica.

Escondida entre grandes formaciones de roca en el desierto de Jordania, cuyo color vacila entre tonos naranjas y rosas dependiendo del humor del sol, y su único acceso es a pie a través de una sinuosa garganta de roca de casi un kilometro de largo, treinta metros de alto y tan ancha como 2 coches uno al lado del otro.

Un túnel de transición preparando al viajero para su visita. Y entonces se ve la luz al final del túnel. La magia comienza.

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Dimensión No. 2: El sitio.

Muy sencillo: Templos, tumbas, monasterios y teatros esculpidos en montaña, en un color y arquitectura de ningún otro lugar.

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Dimensión No. 3: Historia.

El patrimonio cultural de Petra nace del intercambio cultural de tres de las más grandes civilizaciones de todos los tiempos. El punto de convergencia entre la cultura egipcia, la griega y la romana.

Esto se ve reflejado en sus fachadas, en sus tipologías de edificios, en sus costumbres, en su música y hasta en los rasgos de su gente.

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La visita merece un día completo para poder asimilar y disfrutar tranquilamente el sitio. Existen opciones de visitas en grupo o privadas, en todos los idiomas y todo tipo de guías. El bombardeo comenzará una vez entrando al sitio.

Empieza el descenso a pie por la garganta de roca (por aproximadamente US$ 8 también existe la opción de hacer el recorrido en mula) sin necesidad de apresurarse por comenzar la visita, ya que esta parte del recorrido es igual de disfrutable.

La visita comienza al llegar a La Tesorería, la fachada más famosa de Petra y donde todo turista quiere su foto sin gente (esto es imposible hasta en la tarde cuando se empieza a vaciar el sitio).

Existen un par de restaurantes manejados por cadenas de hoteles lo cual los hacen el lugar perfecto para un descanso antes de subir los 800 escalones (los locales insisten que son 1200, o bien US$ 20 en mula) hacia la cima donde se encuentra el Monasterio.

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Menos pretenciosa que la Tesorería pero igualmente deja a cualquier viajero sin aliento (tanto la fachada como la subida), el Monasterio ofrece inigualables vistas hacia el valle y es el lugar perfecto para descansar de las multitudes de turistas. Una taza de té en la plaza de su fachada principal es indispensable antes del regreso.

El calor del día ha desaparecido, la piedra se convierte en oro y la gran mayoría de los turistas se han ido, es el momento de disfrutar y reconsiderar tanta magia (¡y sacar esa foto sin gente!).

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Es tiempo de decir adiós, pero no por mucho tiempo.

Es hora de regresar al hotel para refrescarse un poco y prepararse para una segunda visita a Petra: de noche.

Una vez más es hora de volver a entrar a esa garganta kilométrica, pero esta vez iluminada por velas y guiado por las estrellas, hasta llegar a la fachada de la tesorería para presenciar un concierto de música tradicional Beduina. El viajero, la piedra, las estrellas, convergiendo ante siglos y siglos de historia y vida.

The Treasury, known locally as Al Khazneh, illuminated by hundre

Esto y mucho más es Petra.

Viajeros, ¡a viajar!.

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